El futuro de la selección española, ¿tan brillante como su presente?


La selección española atraviesa uno de los mejores momentos de su historia tras la conquista de la segunda Copa del Mundo en Nueva York hace apenas 11 días. El combinado dirigido por Luis de la Fuente ha conseguido crear un bloque tan competitivo como ganador, que domina y somete a cualquier rival que se interpone en su camino. No sólo eso, sino que además ha conseguido volver a enganchar a un país ciertamente desencantado con las últimas actuaciones de su selección.

La actual generación nacional combina el desparpajo y talento de una hornada de futbolistas jóvenes como Lamine Yamal, Pedri o Cubarsí, entre otros, con el aplomo de otros jugadores muy consolidados y con más experiencia en la élite, como puede ser Rodri, Olmo o Laporte. Dicha mezcla ayuda a explicar los éxitos recientes de La Roja e invita a la ilusión para el futuro, especialmente para el próximo Mundial 2030 que tendrá lugar en España

LA FUERZA DEL GRUPO

Más allá del enorme talento individual de la selección, el gran activo español reside en la fortaleza de su colectivo. Una conexión que da frutos en el césped, pues cada integrante de las convocatorias asume y defiende su papel, priorizando el equipo al yo. Cabe destacar el papel del capitán de este barco, un Luis de la Fuente que, sin hacer apenas ruido, está construyendo un legado imborrable para el fútbol español.

Luis de la Fuente, el nuevo seleccionador campeón del mundo | Fuente: RFEF

Son además los propios futbolistas los que se encargan de confirmar la piña que es el vestuario y la relevancia de ello en los posteriores resultados. Cada entrevista, intervención pública, celebración, protesta y demás actos de cualquier índole dejan muy a las claras la unión de todos los integrantes de la selección. La palabra ego no entra en el diccionario de los de Luis de la Fuente

UN MODELO CON IDENTIDAD PROPIA

Sumado a lo anterior, cabe añadir la obvia calidad futbolística de la plantilla nacional. El estilo de juego español se caracteriza por un trato exquisito del balón, una incesante presión tras pérdida y un protagonismo constante en campo rival que ninguna otra selección es capaz de desarrollar. Hablamos de un modelo tan ofensivo como defensivo, pues el constante juego en ataque de España priva al rival de practicar el suyo.

Eric García, un nuevo campeón del mundo culé | Fuente: RFEF

Detrás de los éxitos de la absoluta existe un modelo de formación común para todas las categorías. Esta cooperación y conjunción de criterios permite a los más jóvenes crecer bajo una misma serie de automatismos que facilite el posterior salto a la absoluta. Asimismo, en estos últimos años España se ha caracterizado por potenciar perfiles de jugadores muy similares, destacando la figura del centrocampista fino y talentoso tan difícil de defender. 

Por tanto, son todas estas razones las que invitan a la fantasía y al optimismo con el futuro de La Roja. La combinación de talento, esfuerzo, armonía y confianza de la plantilla actual, junto con el buen hacer de los formadores de categorías inferiores, señalan un camino que, como mínimo, acercará a los nuestros al éxito

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