En sus primeros meses como jugador del FC Barcelona, Roony Bardghji ha demostrado que no necesita grandes titulares ni focos constantes para dejar huella. Con una suma de minutos todavía limitada, el extremo sueco ha respondido con rendimiento, impacto y una adaptación que invita a pensar en un futuro muy serio dentro del conjunto azulgrana.
La presencia de Lamine Yamal monopoliza miradas, portadas y elogios. Sin embargo, detrás del dorsal “10” empieza a consolidarse una alternativa real, silenciosa y tremendamente efectiva.
El “starboy” del que casi no se habla
Su gol en la goleada ante el Athletic Club en la Supercopa de España volvió a colocar el nombre de Roony Bardghji sobre la mesa. Aun así, su impacto sigue pasando relativamente desapercibido en el análisis general del juego del cuadro catalán.

El sueco ha ido entrando de manera progresiva en los planes de Hansi Flick: primero desde el banquillo, después ganando presencia en el once. Los números hablan con claridad:
- 14 partidos disputados
- 5 titularidades
- 2 goles y 4 asistencias
- 1 participación directa en gol cada 68 minutos
- 413 minutos totales
Para un futbolista en su primera temporada, recién llegado y sin pasado en La Masia, el impacto es notable. Más aún si se tiene en cuenta su coste de apenas 2 millones de euros, una operación que empieza a parecer una auténtica oportunidad de mercado.
La sombra de Lamine… y una oportunidad real
En otro contexto, esta irrupción estaría ocupando más portadas. Pero competir en el mismo carril que Lamine Yamal no es sencillo. El talento del joven de Mataró acapara el foco del extremo derecho, aunque eso no debería eclipsar el crecimiento del jugador de origen kuwaití.

Nacido el 15 de noviembre de 2005, Bardghji, con 20 años, es uno de los futbolistas más jóvenes de la plantilla, solo por detrás de nombres como Gavi, Fermín López, Alejandro Balde, Pedri o Marc Casadó. Pese a ello, su lectura del juego, su toma de decisiones y su naturalidad dentro del sistema de Flick sorprenden por madurez.
Encaje inmediato y futuro asegurado
La adaptación del sueco ha sido casi instantánea. No necesitó un largo periodo de aclimatación al ritmo, a la exigencia ni a la idea de juego del Barça. Procedente del Copenhague, ha demostrado entender los automatismos ofensivos y el rigor táctico del técnico alemán con una facilidad poco habitual.
La temporada pasada, cuando Lamine Yamal cayó lesionado, el cuerpo técnico tuvo que improvisar soluciones con Raphinha y otros perfiles. Hoy, esa incógnita ya tiene respuesta. Roony Bardghji no hace ruido. No lo necesita. Pero su fútbol habla claro. Y cada vez lo hace más alto.