La temporada que estaba marcada en rojo como la del ascenso se ha convertido en un auténtico ejercicio de resistencia para el Barça Atlètic. Las lesiones constantes y los movimientos hacia el primer equipo han obligado a Juliano Belletti a reinventarse jornada tras jornada. En ese contexto, el técnico portugués ha vuelto a mirar hacia un territorio que conoce a la perfección: el Juvenil A, al que dirigió el curso pasado y con el que firmó un histórico triplete.

Tras los debuts de Fofana o Nil Teixidor, el último nombre en sumarse a la dinámica del filial ha sido Pedro Villar, una apuesta coherente y natural dentro de una planificación marcada por la necesidad y la confianza en el talento de La Masia.
Un “6” de manual… y con llegada
Después de cuatro años formándose en la cantera azulgrana, la evolución de Pedro Villar es más que evidente. Mediocentro puro por formación, también ha rendido a gran nivel como interior, una versatilidad que no ha pasado desapercibida para Belletti.
Su principal virtud es la madurez competitiva: entiende el juego, ordena al equipo y sabe cuándo acelerar o pausar el ritmo. Juega para el colectivo, pero añade un matiz diferencial: llegada al área y gol. En lo que va de temporada, ha firmado cinco goles en once jornadas de Liga y uno en la Youth League ante el Eintracht, cifras muy poco habituales para un mediocentro.

Potente físicamente, bien posicionado y con lectura táctica, reúne condiciones para convertirse en un recurso habitual en el filial blaugrana, incluso en un curso plagado de dificultades.
Debut agridulce, pero inolvidable
Su estreno con el Barça Atlètic llegó en un partido que terminó con sabor amargo en el marcador, pero dejó señales positivas en lo individual. Con el encuentro abierto y el Valencia Mestalla empujando en busca del empate, Pedro Villar ingresó al terreno de juego a falta de 17 minutos, sustituyendo a Roger.
Le bastaron pocos minutos para mostrar personalidad: protagonizó una llegada peligrosa tras un contragolpe y obligó al meta valencianista a intervenir con un disparo dentro del área. No hubo premio en forma de gol, ni tampoco victoria —el empate llegó en el 95’—, pero sí una certeza.
Pedro Villar dejó su sello. Aportó aire, equilibrio y personalidad. No fueron tres puntos, pero sí el cumplimiento de un sueño: debutar con el Barça Atlètic. Y, probablemente, el inicio de algo más.